Hemos de ser conscientes de la importancia que, para el Mercado de la Fruta Fresca en general y para el de los Cítricos en particular, tuvieron los fenómenos meteorológicos extraordinarios que acaecieron el invierno del año 2005.
La campaña que comenzó en Nov/04 se llegó a calificar como un desastre, basandose fundamentalmente en la superproducción y el exceso de oferta. Estos dos factores incidían en los precios en origen obligandoles a cotizar a niveles muy bajos.
A finales de Enero del 2005, concretamente entre los días 24 y el 29, se llegaron a registrar las temperaturas más bajas de las que se tenga constancia escrita en más de 50 años.
Como ejemplo: en la madrugada del día 28, en Écija (Sevilla) se alcanzaron los -9,1º C. Y lo peor no fueron las temperaturas extremas, sino la continuidad de las mismas a lo largo de 5 noches. Esta circunstancia, unida a otros factores climatológicos (el viento helado) acabaron, no solo con la cosecha de ese año, sino que consiguió dañar gravemente a los árboles, algunos de los cuales aparecieron desgajados por el efecto del hielo, con sus hojas y ramas completamente quemadas. Muertos. Sin solución. En solo cinco días se pasó de un exceso de oferta a una carencia de fruta en condiciones en los mercados, y lo que es peor, al temor a unas consecuencias catastroficas durante los años venideros.
En esos días extraños la mayor parte de las declaraciones a los medios de comunicación alertaban de el fuerte descenso que sufrirá la próxima cosecha de cítricos, cifrándose el descenso en la producción en más de un millón de toneladas.
Además se hacía incapie en que lo ocurrido este invierno es una situación excepcional que no se producía desde hacía más de 50 años.
Hoy por hoy, la sabia naturaleza, ha podido recuperarse en parte, pero los daños que se ocasionaron en esos días y los que viene ocasionando desde hace mucho más tiempo la sequía (el asesino silencioso), tardarán en curarse y requerirán medidas drásticas por parte de todos los sectores implicados. El mercado de la fruta para su consumo en fresco ha cambiado de manera definitiva.
Puede sonar a demagogia barata (a más de lo mismo), pero este podría ser un buen momento para que empecemos a reflexionar y valorar realmente lo que tenemos cerca y podemos disfrutar sin demasiado esfuerzo por nuestra parte.
Casi nunca somo capaces de considerar en su justa medida aquello que tenemos a mano, y somos (la mayoría de nosotros) completamente incapaces de pensar en todo lo bueno que hay, por ejemplo, dentro de un vaso de zumo de Naranja, recién exprimido. No solo hay un líquido que está repleto de vitaminas y minerales beneficiosos para nuestra salud sino que, además, tiene un agradable sabor.
Si nos paráramos a pensar, cuando bebemos un sorbo de zumo, por cuantas manos ha pasado esa fruta hasta que llega a nosotros en casa, o en nuestro bar/cafetería/restaurante preferido, creo que sería justo considerar la importancia que ese sencillo gesto (el pedir y beber un zumo de Naranja recién exprimido) tiene para todos nosotros, no solo para el que lo disfruta sino para todos los actores que intevienen en el largo proceso que lleva la fruta desde el campo, hasta el consumidor.
Pero eso es otra historia...

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